Pedro Sánchez y Venezuela

Guaidó

La autoproclamación de Juan Guaidó como presidente “encargado” aunque legítimo de Venezuela, solo 18 días después de asumir la presidencia del poder legislativo, ha evidenciado una vez más la ausencia de liderazgo que tiene nuestro presidente. Esa carencia que se había constatado en la política interior, por su incapacidad de afrontar los problemas del país, ha quedado al descubierto también en el ámbito internacional. El coste en desprestigio para España es evidente.

Después de la IGM las relaciones interamericanas, oscilan entre la doctrina Estrada que propugna la no intervención en asuntos internos de otros países americanos y que será aplicada sobre todo por México, y la doctrina Betancourt, formulada por el presidente venezolano del mismo nombre el día que juró su cargo, que defiende la intervención cuando un gobierno americano no respete los Derechos Humanos, conculque las libertades de sus ciudadanos o los tiranice con políticas totalitarias.

Parece evidente que, vista la situación existente en Venezuela, la ciudadanía descontenta iba a apostar claramente por la aplicación de la doctrina Betancourt, necesaria para movilizar el apoyo internacional y la acción colectiva de la OEA. El apoyo inmediato a Guaidó por parte de EEUU, Canadá, Colombia, Brasil, Perú, Ecuador, Argentina y Costa Rica. Contrasta con la ambigüedad de la UE, que según algunas fuentes está en su principio motivada por el apoyo del gobierno español a Maduro. Es un dato cierto, que en el seno de la UE Macron se ha hecho visible antes que Sánchez, que ha preferido refugiarse en la doctrina Estrada, como también ha hecho México.

Que a estas alturas comprobado el éxodo masivo de venezolanos, la represión, los crímenes, el ataque a las instituciones democráticas, tenga Sánchez como puntos de referencia a un propagandista de Maduro como ZP (el que iba a aprender economía en tres tardes con Jordi Sevilla), a un asesor como Monedero (que hacía informes que nadie ha visto, cobraba de los venezolanos, no cotizaba y era avisado por Montoro), a otro investigador como Errejón (que no aparecía por la universidad que le proporcionaba la beca, pero para quien los venezolanos estaban muy bien pues comían tres veces al día) y a un proletario como Iglesias (a quien desde su chalet de Galapagar le gustaría vernos aquí como allí). No puede esperarse nada bueno para los venezolanos de este gobierno español. Sentimos que la actuación de este presidente haya trascendido de nuestras fronteras y los venezolanos hayan sido sus víctimas políticas.

De un hombre que no es capaz de: asegurar el libre tráfico de personas en el país que gobierna, garantizar la enseñanza del español a los españoles, ser obedecido por policías locales, defender la Constitución habiéndolo prometido. No nos puede sorprender, aunque nos duela, que no esté a la altura de desempeñar el papel que debería ante la dictadura existente en Venezuela.

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